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Alma en pena

Aún recuerdo la primera vez que lo vi, fue en una fría y lluviosa noche de invierno, mis padres se habían ido acigarro cenar, por tanto, estaba sólo en casa. La principal actividad en la que malgasté la noche fue hacer zapping, no echaban nada bueno por la tele y el dedo pulgar ya me hacía daño de tanto pulsar los botones del mando, así que decidí que aprovecharía mejor el tiempo yéndome a la cama y durmiendo un poco.

Un portazo me despertó, oía pasos por el pasillo así que supuse que mis padres ya habían vuelto de cenar, miré mi reloj, eran las dos de la madrugada, aún me quedaba mucha noche por delante. Me dispuse a dormirme otra vez cuando algo me llamó la atención: ¿era sólo mi imaginación o la silla que había enfrente de mi cama donde tenía amontonada la ropa no estaba allí? Curioso y medio adormilado, me levanté y busqué con la mano el interruptor que había al lado del escritorio, lo encontré, aunque la luz que yo necesitaba en aquel momento no apareció, “se habrá ido la luz” pensé.

Me parecía absurdo buscar la silla entre la oscuridad así que decidí volverme a la cama cuando algo me sobresaltó: miré al rincón donde estaba el armario y una pequeña luz se encendió, una pequeña luz naranja se veía en el rincón del armario, una pequeña luz que había visto cientos de veces cerca de la boca de mi padre, la luz de un cigarro se había encendido.

No podía ser, no podía haber nadie fumando en mi habitación, el sueño me estaba jugando una mala pasada. Me dirigí al rincón desde donde procedía la luz, lento, atemorizado, sin saber lo que me podía pasar. Antes de que pudiera llegar a ver lo que había allí, de pronto, la luz se apagó y noté como unos fríos dedos me rozaban el hombro. Asustado, sin saber que hacer, alargué mi mano derecha para buscar la tenue luz de la lamparilla de noche, conseguí encenderla y lo que vi me sobresaltó, ante mí había un hombre de avanzada edad, con la piel arrugada hasta el límite y de un color blanco grisáceo que llevaba unas vestiduras que me recordaban a siglos pasados.

Aquello no podía estar pasando, tenía que ser una pesadilla. Aquel hombre me cogió por los hombres y me zarandeó, podía ver su rostro agónico, angustioso, sus ojos abiertos me decían que tenía un problema, que necesitaba ayuda. Me agarró por el cuello, como si quisiera ahogarme, notaba como sus fríos dedos me cortaban la respiración aunque por su rostro parecía que el que se estuviera ahogando fuera él, no tenía aire, se iba a ahogar…

-Oye hijo -me dijo mi madre -¿no te vas ya a la cama?
-Me esperaré media horita más.
-Bueno, bien hijo.

Mi madre no sabe que temo irme a la cama, desde aquella noche voy retrasando cada vez más la hora en que me tengo que ir a la habitación. Desde aquella noche, noto siempre la tenue luz de un cigarro, los fríos dedos que me rozan el hombro, el mismo hombre que se ahoga y lo seguiré notando hasta que ese viejo deje de vagar, hasta que ese hombre deje de ser un alma en pena.

Sueños

Hace ya tiempo que lo conozco gracias a una conocida mía que me lo presentó una noche en la que íbamos a cenar unsuenos grupo de amigos, me llamaron mucho la atención sus ojos, verdes como los de un gato, aunque a lo largo de la noche no me fijé en él más que un par de veces.

Ha sido desde hace unos meses cuando lo he empezado a conocerle de verdad, esto ha sido porque la chica que me lo presentó y yo cada vez somos más amigas ya que mi primo y su prima están tonteando por lo que alguna vez hemos salido a cenar todos juntos. En esas cenas nos echamos unas risas y lo que es más importante, lo he conocido por dentro, ahora sé que detrás de ese pelo corto y negro, esa perilla bien recortada y esos ojos felinos hay una persona muy inteligente, divertida y con la que puedes contar en todo.

Es curioso como me estoy enamorando tan rápidamente, cuando estoy a su lado siento la necesidad de abalanzarme sobre él y darle un beso, cuando estoy a su lado siento la necesidad de darle un abrazo y quedarme agarrada a él hasta que salga el Sol, siento la necesidad de, simplemente, estar a su lado.

Encima él parece que me está dando pie a algo más que una simple amistad, noto sus miradas, sus abrazos, sus besos en la mejilla por cosas insignificantes, noto como quiere estar cerca de mí. Espero que todo esto no sean imaginaciones mías, espero que mi amor no sea ciego y no me deje ver lo que pasa en realidad, espero que el tenga en su interior los mismos sentimientos que tengo yo.

Ahora de momento todo son suposiciones, todo son sueños, sueños en que esos abrazos son eternos, sueños en que esos besos en las mejillas son besos en los labios, sueños en que nuestros dos cuerpos forman uno sólo. Sólo espero que algún día esos sueños dejen de ser lo que son ahora y se conviertan en lo que yo deseo que sean, realidad.

Dime que no me quieres

Todo ha sido diferente desde aquel día, todo ha sido muy diferente desde el día en que nuestros labios se rozaron y no 20090227211202-labiosse separaron durante varios segundos, desde el día en que te ayudé a levantarte después de haberte tropezado y te di un beso en la boca.

Llevaba semanas queriéndolo hacer, quizá meses, necesitaba chocar mis labios contra los tuyos y liberarme del tormento que supone estar enamorado de alguien y que ese alguien no te haga caso, necesitaba liberarme de la situación de verte todos los días y no poder estar a milímetros de ti, tan cerca que se pudieran oír mis latidos por estar cerca de ti.

He de reconocer que no me enamoré de ti al instante, fue al conocerte por dentro, al conocer cómo eres de verdad cuando empecé a sentir cosas por ti, cosas tan profundas que culminaron con el beso tan suave, dulce y profundo que te dí.

El beso duró varios segundos, lo sentíamos, notábamos al otro dentro del cuerpo, como si estuviéramos más unidos que nunca, pasados esos segundos, retiraste lentamente tu boca aunque parecías seguir queriendo más. Después pareciste recapacitar, parecía que habías despertado de un sueño y te estabas dando cuenta de lo que estabas haciendo así que pusiste una mirada sombría y cabizbaja y sin decirme nada más te marchaste.

No hemos vuelto a hablar desde entonces, es como si te diera miedo o vergüenza hablar conmigo, como si el habernos besado fuera un hecho que pueda distanciar nuestra amistad ya consolidada, pero sobretodo, como si ese beso te hubiera dado asco, como si creyeras que no me he dado cuenta de que antes del beso me mirabas constantemente cuando iba con mis amigos, que no me he dado cuenta de que eres tú la que se estaba acercando cada vez más a mí y no al revés, crees que no me doy cuenta pero es así.

Aunque quizá esté equivocado, quizá ese beso haya sido un auténtico error que ha lanzado por tierra nuestra amistad, quizá no sientes nada por mí y aquí soy yo el único enamorado. Necesito que me hables, que me digas algo, que me mires a los ojos y me digas que no me quieres, de lo contrario, seguiré pensando que estamos destinados a estar juntos.

¿Esto es vida?

No hay día en que no recuerde el día en que pasó aquello, aquello que hizo que mi vida diera un giro de 180 grados, llornaquello que destrozó todo mi futuro, todas mis posibilidades, todos mis sueños, fueron sólo unos segundos pero consiguieron arruinar todos los años que me quedaban por vivir.

Fue una tarde de otoño, iba con mi coche por la carretera, estaba feliz, aquella mañana el jefe me había recibido en su despach y aunque había ido temeroso al encuentro el jefe me recibió con una sonrisa y la entrevista terminó con la promesa de un aumento de sueldo para el mes siguiente. Conducía tranquilamente, sin prisa, disfrutando del viaje y esperando llegar a casa para ver a la mujer que más amaba cuando de repente me ví el capó de otro coche encima del mío, sin tiempo a reaccionar sólo pude notar cómo mi cuerpo salía catapultado hacía la carretera y chocaba contra un poste de la luz.

El accidente fue letal, me lo dijeron en el hospital, como sólo te lo puede decir un médico, que aunque intenta ser lo menos duro posible, el golpe te lo da de la misma manera, aquellas palabras no las olvidaré nunca “Señor García…no sé cómo decirle esto pero… a causa del fuerte golpe del accidente… se ha quedado en una situación tetrapléjica irreversible”. Sus palabras me dolieron como si me hubieran pegado dos puñetazos y me hubieran tirado al suelo, mi reacción no fueron malas palabras o un llanto desesperado sinó dos simples lágrimas que me recorrieron el rostro.

Ha pasado un año desde que salí del hospital, ha pasado un año desde que mis familiares me acomodaron en mi cama, un año desde que bebo en pajita, desde que escribo con una pluma que me ponen en la boca, un año desde que mi pareja y mis dos hijos son mis brazos, mis piernas y mi cuerpo. Ha pasado un año desde que todos los días me hago varias preguntas ¿Es esta la vida que me merezco? ¿Es esta la vida que merece mi familia? ¿Se puede llamar dignidad a la vida que estoy llevando? ¿Por qué no puedo llevar una vida normal? ¿Por qué no puedo tener los mismos sueños, posiblidades y caminos que tiene todo el mundo? Hay días en que me pregunto ¿Esto es vida?

Amor prohibido: miradas

Es curioso como se puede enamorar alguien de una persona en un instante, en milésimas de segundo, ver un rostro ymiradas9pq quedarte prendado hasta morir, eso es lo que me ha pasado a mí con Nerea, desde que la vi en el cine no he podido parar de pensar en ella y por más veces que pienso en ella más me gusta, por más veces que recuerdo su rostro más veces pienso porque no puedo estar yo en lugar de mi amigo Quique y poder recorrer su cuerpo con mis labios.

El problema que ha surgido ahora es que como Quique tiene novia y no quiere ir siempre sólo con ella, cosa que yo estaría encantado de hacer, ha empezado la búsqueda de una novia para mí, así seríamos el grupito ideal, dos parejas para ir al cine, a cenar, a pasear… El otro día sin haberme consultado nada y después de haber estado media hora hablando sobre por qué Nerea habría podido estar distante el sábado anterior, me colgó el teléfono diciéndome:

-He hablado con una amiga de Nerea para que vayamos a cenar los cuatro, hoy a las nueve y media paso por tu casa.

Me colgó tan rápido que no tuve tiempo a replicarle, le llamé un par de veces y ni me cogió el teléfono, así que no tuve más remedio que ponerme mis mejores galas y esperar impaciente a que llegara Quique para decirle cuatro cosas a la cara.

Por fin, a las diez menos cuarto, cuando yo ya llevaba media hora arreglado, el timbre de mí casa sonó y nos pudimos ir al restaurante mientras le decía a Quique frases tan “poéticas” como “Que cabrón eres por hacerme esto” o “¡Yo te mato, te mato!”.

La cena empezó bastante mal ya que cuando Quique y yo llegamos al restaurante, Nerea y su amiga ya estaban allí, me presentaron a Tania, la amiga de Nerea, que por lo menos era bastante guapa y nos sentamos con el objetivo, por lo menos para mí, de aguantar aquella noche lo más cortésmente posible.

El desarrollo de la cena en mi caso fue a peor, los cuatro charlábamos animadamente aunque yo más que charlar fingía charlar, algo me estaba matando por dentro y no era otra cosa que ver a Nerea y Quique felices, como Nerea le mordía los labios, ver cómo había deseo en sus miradas, como se querían de verdad y mientras, allí estábamos Tania y yo, a pocos centímetros de la pareja pero apartados, compartiendo cena pero no compartiendo sentimientos, cosa que ellos sí hacían.

El colmo de la noche fue al final, por una vez me estaba sintiendo cómodo en la cena ya que Nerea se había marchado un momento al baño y podía relajarme y liberar mi cabeza de los pensamientos impuros que había tenido durante toda la noche, liberar mi cabeza del deseo de decirle a la cara todo lo que sentía por ella sin importarme lo más mínimo la reacción de Quique. Nerea volvía del baño tan tranquila sin imaginarse lo que segundos después iba a pasar, sin imaginarse que segundos después tropezaría con el camarero, se desequilibraría y caería a mis brazos haciendo que sus ojos y mis ojos se cruzaran con los suyos y que durante unos segundos una chispa brotara entre nosotros, como si no hubiera nada más en el mundo, como si sólo estuviéramos ella y yo.

El fugaz momento pasó cuando ella se dio cuenta de lo que estaba pasando, reaccionó rápidamente y se sentó en su silla como si nada hubiera pasado, aunque noté como Quique le envió una mirada fugaz como diciéndole “¿Qué acabas de hacer?”

Después de aquel tropezón la cena duró poco, la excusa era que Nerea no quería estar allí después del bochorno del tropezón. Así que cada uno se fue a casa.

Aquella noche soñé con miradas, miradas que se cruzaban, miradas que querían decirse algo y no podían, miradas que quizás se querían.

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