Benijo – Andrés Suárez (Mi canción de la semana II)

Esta semana os traigo a uno de los grandes dentro del panorama de cantautores en castellano, alguien capaz de poner los pelos de punta y hacer que sientas sus canciones como propias. Os hablo del gran Andrés Suárez y su canción Benijo.

Descubrí a Andrés casi por casualidad. Estaba escuchando una canción en youtube y me apareció en relacionados una de las canciones que él decidió incluir en su serie de “canciones que nunca debí componer”, temas que, según él, hablan de sentimientos muy profundos que necesitaba soltar para cerrar una etapa de su vida. Vamos, historias, vivencias que se convierten en música y que, recuerdo, me llegaron como nunca antes lo había hecho la música de autor.

Benijo es, probablemente, la canción que más me gusta de todo su repertorio, sin desmerecer otras grandes composiciones que adoro como Más de un 36, Tengo 26 o Rosa y Manuel. Benijo me encanta por ser delicada y fuerte a la vez, porque si cierras los ojos te sientes en paz y poco después en furia. Y es que la canción tiene un cambio de ritmo tan brutal hacia el final de la misma que, por lo menos a mí, me hace temblar y me pone el pelo de punta.

Y no me extraña. El tema va contando poco a poco una historia, llenándonos de manera mágica y sutil de forma que te envuelve completamente en él, te lleva hasta allí, te sientes el protagonista y llega un punto en que ya no sabes si derrumbarte o emocionarte del todo. Ese “de qué me sirve esperarte” que te lleva al cielo y luego ese “hoy te he vuelto a recordar” que te baja a la realidad y te deja medio atontado… Tantas sensaciones en un minuto… Parece exagerado pero yo me siento así.

Tuve la suerte, además, de ver a Andrés en directo este pasado mayo en Almería. Su presencia impone y su fuerza en el escenario es tremenda, poniéndonos la piel de gallina en todo momento y llevándonos con su voz a todos los rincones imaginables. Cabe decir que en persona es genial, interactuando cada minuto con el público y haciendo el concierto ameno y agradable. Me fui con muy buen sabor de boca.

En fin, os dejo Benijo en su versión en directo para el disco Moraima, ya que la presencia de los instrumentos de cuerda como el violín le dan un toque aún más potente y mágico si cabe.

Espero que lo disfrutéis, ya me contaréis! ;)


Andrés Suarez (Ferrol, 16 de abril de 1983) es un cantautor español.

A los catorce años monta su primer grupo en su ciudad natal, Ferrol (Galicia, España). Desde entonces pasa por distintos grupos de pop y rock hasta viajar a Santiago de Compostela. Allí se hace cantautor, actúa por los locales de la zona vieja y graba su primer disco, De ida, con una distribución de casi tres mil copias y que le lleva de gira por todo el país.

Se marcha a vivir a la capital de España y de la Comunidad de Madrid, Madrid ese mismo año y, en el Café Libertad 8, conoce a Tontxu, famoso cantautor español. Éste decide estrenarse como productor musical con el nuevo disco de Andrés, Maneras de romper una ola, que le lleva un par de años. Finalmente sale en el año 2008. Con este trabajo consigue vender, sin apenas promoción, casi cinco mil copias, además de recorrer buena parte de las salas de conciertos de toda España dando conciertos y recitales.

El día 4 de octubre de 2011 comienza la promoción de su tercer disco, Cuando vuelva la marea, cuyo primer single se titula Lo malo está en el aire.

El 16 de Abril de 2013 se publicó el nuevo álbum, llamado Moraima el cual hace referencia a un nombre de mujer, el mismo Suárez afirma que “La música es mujer”


Letra

Apuró el paso / para que no llegara la noche / y poder enseñarme la playa / Apuró el paso / Nos cayó el vaso / y rompió salpicándole flores / En su pelo tallado el verano / Apuré el vaso / Y tengo miedo de encontrarte y no aguantar las ganas de tirarte al suelo / Volver a romperte la falda / Luego tejer un mantel / entre mi boca y su pecho / Llenar de sal los pliegues de su espalda.

La vi bañarse una vez / y me sacó los colores / La vi desnuda y lloré (lloró conmigo la noche) / Bailé con ella después / como buen enamorado / ‘Cántame algo’ y canté / lo que ella quiso y los barcos / fugaron para volver / a dejarme tirado en un puerto / Su acento era milagro, el viento / rizándole en silencio la piel / a la arena pegada y los besos / siguientes fueron ‘hoy quédate’ / y me quedé parado en el tiempo.

Y nos siguió la madera / Prendimos fuego al hostal / Te entretuve con la orquesta disfrazados de dos más / Nos declaramos culpables / de la subida del mar / Desafinamos canciones / Se nos prohibía llorar / Hoy te he vuelto a recordar / Hoy te he vuelto a recordar.

De qué me sirve esperarte / si me entra el sueño y no hay más / que un circo triste y cobarde que no quiere regresar / Te veo en cada gaviota / aunque no sepa si hay mar / Detrás de cada pareja no tengo con quien bailar / Desnúdate que hay tormenta / y llueve por no llorar / Juré contar nuestra historia, nunca decir la verdad / Te llevaste mi memoria / Juraste no regresar / Te veo en cada gaviota / Juré contar nuestra historia.

Y hoy te he vuelto a recordar / Hoy te he vuelto a recordar.

Quién

Despierto.

Una neblina cruza mi mente, está oscura, perdida, quizá en algún sueño que ya no recuerda.

Aun sin abrir los ojos, creo ver sombras que se deslizan alrededor de mi cama,

aun sin ver, siento que hay alguien cerca de mí, que me mira, que me observa,

aun estando medio dormido, o medio despierto, sé que todo es real.

Y me intento mover.

Y no puedo.

Estoy atado de pies y manos,

cada uno de mis músculos está paralizado, quizá por miedo, o quizá por algo externo,

noto una fuerza que me mantiene contra la cama e impide siquiera que tiemble de terror.

E intento gritar.

Y no puedo.

Mis cuerdas vocales se quedan mudas e impotentes ante lo que está pasando,

necesito que alguien me ayude, que alguien venga a rescatarme de esta pesadilla que está durando demasiado,

pero no,

me falta el aire y los gritos son silencios,

me siento solo ante lo que está por venir,

nadie va a venir,

nadie va a venir.

Quiero abrir los ojos.

Y no puedo.

Y no sé si quiero.

Me pesan los párpados como mil demonios,

como si temieran ver mil fantasmas,

lo temo, si.

Temo abrirlos y que haya alguien a mi lado,

que la sombra deje de ser sombra y se convierta en figura,

en alguien de mi pasado,

o mi presente,

alguien que no exista.

Los abro, creo, aunque no estoy seguro.

Y sé que hay alguien, sin haberlo,

sé que alguien me observa, sin verlo,

sé que alguien me acompaña, estando la habitación vacía…

Y me duermo, y todo pasa pero todo queda.

Y no sé si ha sido real o fantasía,

ni quién había ni quien no.

Ni siquiera sé si soy yo.

High hopes – Kodaline (Mi canción de la semana I)

Tenía muchas ganas de hacer una sección como esta, ya que la música es parte fundamental de mi vida y pienso, además, que la música es, simplemente, una forma más de literatura, de contar lo que expresa el cuerpo o los pensamientos, una forma más de contar historias, por eso creo que tiene cabida en este blog.

Por supuesto, intentaré poner canciones que no sean conocidas por el gran público para intentar hacer de esta sección un lugar donde descubráis buena música. Por lo cual, casi nunca veréis aquí un tema que se haya escuchado en la radio fórmula o en orquesta o disco móvil de poca monta. No es que menosprecie la música comercial pero hay mundo de música al margen de ella.

Arranco sección con una canción de un grupo que he conocido este año y del que, poco a poco me estoy enganchando a sus canciones. Ésta, concretamente, fue la primera que escuché gracias a una amiga que es fuente habitual de buenas canciones, cuando acierta en sus recomendaciones acierta de verdad.

Y es que esta canción me encanta, tanto que la escucho una vez, por lo menos, todos los días. La voz del cantante es diferente y me transporta a un estado de relajación y melancolía increíble. Me transmite el final de una historia, algo que no pudo ser y por lo cual el cantante se lamenta, aunque cada uno que extraiga sus propias conclusiones, eso es lo bonito de la música. El estribillo es perfecto, básicamente. Ese High hopes alargado al infinito me pone los pelos de punta y ya cuando entra toda la banda al completo y sube el volumen ya no te queda más remedio que disfrutar, simplemente.

Os recomiendo también que escuchéis el resto de canciones suyas. Temas como All I want o One day son para ponerlas y sentarse a disfrutar, canciones que tienen incluso un eco de Coldplay o U2 con un estilo propio que a mí, por lo menos, me ha enamorado.

En fin, ahí lo dejo, ¡que paséis un día genial!


Kodaline (anteriormente 21 Demands) es una banda de indie rock irlandesa formada en el 2005 en la ciudad de Dublín. El grupo está conformado por Stephen Garrigan, Mark Prendergast, Jason Boland y Vinny May. Uno de sus sencillos más famosos es “Give a Minute” publicado en el 2007 cuando todavía eran 21 Demands. En el 2011 el grupo se cambió el nombre a Kodaline cuando hicieron un hiatus indefinido.


Letra

Broken bottles in the hotel lobby / Seems to me like I’m just scared of never feeling it again / I know it’s crazy to believe in silly things / But it’s not that easy / I remember it now, it takes me back to when it all first started / But I’ve only got myself to blame for it, and I accept tht now / It’s time tolet it go, go out and start again / But it’s not that easy

But I’ve got high hopes, it takes me back to when we start again / High hopes, ooh when itall comes to an end / But the world keeps spinning around

And in my dreams, I meet the ghosts of all the people who,ve come and gone / Memories, they seem to show up so quick but they leave you far too son / Naïve I was just staring at the barrel of a gun / And I do believe that

Yeah but I’ve got high hopes / It takes me back to when we started / High hopes, when you let it go, go out and start again / High hopes, ooh when it all comes to an end / Now the world keeps spinning /Yeah the world keeps spinning around

High hopes, it takes me back to when we started / High hopes, when you let it go, go out and start again / High hopes, ooohh / Yeah and the world keeps spinning / Yeak this world keeps spinning /How this world keeps spinning around


Letra traducida

Botellas rotas en el vestíbulo del hotel / Me parece que estoy asustado de no sentirlo otra vez / Sé que es loco creer en cosas tontas / No es tan fácil / Lo recuerdo ahora / Me lleva de vuelta a cuando todo empezó / Pero sólo me tengo a mi mismo para culpar, y lo acepto ahora / Es tiempo de dejar ir todo, salir y volver a empezar / Pero no es tan fácil

Pero tengo grandes esperanzas / Me llevan de nuevo a cuando empezamos / Grandes esperanzas, cuando lo dejas ir, sal y vuelve a empezar otra vez / Grandes esperanzas, oh, cuando todo llega a su fin / Pero el mundo sigue girando

Y en mis sueños / Me encuentro los fantasmas de todas las personas que han venido y se han ido / Los recuerdos, parecen aparecer tan rápido, pero te dejan demasiado pronto / Mi maldad está simplemente mirando al cañón de un arma de fuego / Y lo creo

Creo en que tengo grandes esperanzas / Me llevan de nuevo a cuando empezamos / Grandes esperanzas, cuando lo dejas ir, sal y vuelve a empezar otra vez / Grandes esperanzas, oh, cuando todo llega a su fin / Pero el mundo sigue girando / Grandes esperanzas, Me llevan de nuevo a cuando empezamos / Grandes esperanzas, cuando lo dejas ir, sal y vuelve a empezar otra vez / Grandes esperanzas, oh, cuando todo llega a su fin / Pero el mundo sigue girando / Oh, sí este mundo

Al infinito

Perdernos,

en instantes tuyos y míos,

en momentos clavados en el tiempo,

como miradas que se ven por primera vez,

y que siempre sea la primera vez.

Porque solo así llegamos al infinito sin rasguños ni heridas olvidadas u olvidables.

Imaginarnos,

volando tan alto que la Luna nos tiene envidia,

porque quiere alcanzarnos y no puede,

porque quiere sentir tanto y no puede.

Nos alejamos para sentirnos cerca aún estando muy lejos.

Nos imaginamos para convertir realidades que no existen en un futuros alcanzables, aún siendo inalcanzables, aún siendo irrealizables.

Bailarnos,

si es que existe ese verbo,

si no, ya lo invento yo.

Para danzar alrededor del otro,

y mirarlo con deseo,

respirarlo,

sentir su esencia,

chocar pieles en combates eternos, de horas, de días, de noches, de solo caricias y tempestades.

Porque solo así entiendo la danza.

O el sexo, como lo quieras llamar. Al fin y al cabo es lo mismo.

Relajarnos,

y tal vez respirar,

volver al principio,

en vez de perdernos, buscarnos

y encontrarnos.

Porque de nada sirve todo lo demás si estamos a años luz, demasiado lejos como para que la Luna nos pueda tener envidia.

Ni siquiera se da cuenta de que existimos.

Gritar

Te seguiré hasta la oscuridad.

Bajaré a los infiernos para acompañarte en esas noches de frío en las que ya no queda nada.

Solo tú y tus lágrimas, esas que derriten horizontes y desiertos, esas que empañan amaneceres hasta convertirlos en tristezas propias de diciembre.

Te daré la mano para que cojas todo el brazo.

Por si acaso echas en falta a alguien a tu lado.

Perseguiremos los ríos de lava hasta encontrar una salida, los dos juntos, siempre, no concibo otra manera de contar los segundos.

Mirarte a los ojos.

Y leer en ellos todo lo que no te atreves a contarme.

Desgarrarnos las ropas mientras nos caen mil litros de una lluvia ácida que nos destroza las gargantas.

Y gritar.

Siempre gritar.

Como gritan los gigantes que pierden a su presa.

Como grita una madre cuyo hijo es asesinado

Como grito yo al verte triste.

Porque lo odio. Bueno, en realidad me odio a mi mismo por no saber calmarte. Secar tus lágrimas con mi dedo índice y que apoyes tu cabeza en mi pecho.

Ya no sé.

Ni qué hacer ni qué decir.

Quizás… Tal vez…

Besarte.

Y que me sepas dulce a pesar de tus lágrimas de sal.

Porque después de eso quizá sonrías, puede que consigamos ver atardeceres.

Esos que llevan nuestro nombre escrito en las nubes, esos que se llevan todos los problemas del día y te hacen pensar que el mañana será mejor.

Puede, siempre puede que sea así.
Volver allí donde nos perdimos y ponernos a bailar sin pensar en otras cosas.

Allí donde nos perdimos o allí en la oscuridad, allí abajo, en los infiernos

Allí donde gritaremos sin miedo a lo que puedan decir de nosotros.

Allí donde te seguiré hasta perderme.

Allí donde te escucharé hasta encontrarte.

Ser

A veces nos empeñamos en no ser felices.

Es curioso, sí. Nos conformamos con nuestro estado emocional, con el estilo de vida que llevamos, con el camino que estamos recorriendo. Nos conformamos, a secas. O nos hacen conformarnos, realmente no lo sé. Aunque siempre somos nosotros quienes tenemos la última palabra. Aunque no lo parezca.

A veces nos empeñamos en no querer darnos cuenta de que tenemos la felicidad a la vuelta de la esquina y que lo único que tenemos que hacer es caminar hasta alcanzarla, que no tenemos por qué aceptar lo que tenemos, que llega un momento en el que el pensamiento de “no hay otro remedio” no nos puede valer.

Porque cada ser humano tiene un lugar en la vida en el que puede ser feliz, y ese lugar, esté cerca o esté lejos, es totalmente nuestro, es totalmente alcanzable. Solo hacen falta ganas de luchar y renunciar al miedo a perder. Y es que solo a través de fallos, solo a través de las veces que logremos levantarnos después de haber caído conseguiremos alcanzar lo que nos parece inalcanzable.

Porque lo más importante no es no tropezar, sino saber levantarse después de haber tropezado.

A veces nos empeñamos en asentir cuando queremos decir no, cuando simplemente debemos cerrar los ojos, respirar y tomar nuestras propias decisiones. Elegir el rumbo que creemos conveniente y dar algo más de protagonismo a lo que nos dice ese que late, callar las voces que vengan de otras partes. Porque la razón nos mantiene vivos, pero a un precio demasiado alto, nos ahoga y nos atrapa, nos encierra en una jaula demasiado estrecha como para poder liberarnos.

A veces creo que nos hemos perdido. Nos hemos perdido a nosotros mismos, aquello que queríamos llegar a ser, todos aquellos sueños que algún día quisimos alcanzar, todas aquellas batallas que quisimos librar.

Todo por querer tener una vida que se olvidó hace tiempo de que lo importante no es lo que tenemos, sino lo que somos.

Queda conjugar los verbos ser y tener en uno solo. Ser aquello que quieras ser, tener lo que eres sin que otros piensen que es una absurda tontería o que ya no estás para estas cosas.

Yo, mientras tanto, seguiré intentando ser feliz aunque me cueste la vida llegar a conseguirlo. Y cuando llegue… miraré los tiempos oscuros y me reiré a carcajadas.

Porque fueron un paso más para llegar a aquello que quise alcanzar.

Un juego llamado tú

Qué fácil me lo pones cuando empiezas a recorrer mi pecho con tus dedos. Intento evitar sonreír a la vez que me grito a mi mismo “no caigas tan rápido”, pero luego miro tus ojos, perdidos en quién sabe qué horizonte y no puedo evitarlo.

Pensar en tu espalda, y yo besando cada uno de tus detalles, y entonces lo hago, y entonces lo hacemos, y esas caricias que invitan al cosquilleo se convierten en roces que nos vuelven locos y nos hacen poner los ojos en blanco y el grito en el cielo.

Qué fácil es,
tanto que lo hago sin querer,
o queriendo, no sé…
Quererte,
que ya no sé si estoy volando,
o quizá estoy perdido.
Porque me pierdes.

Y es que ya no sé si al rozar nuestras pieles y unir nuestros cuerpos, estoy perdiendo parte de mí. Te me llevas contigo y me atrapas en tus redes, y en medio del deseo y esa excitación que nos hace ser tan nosotros, nos volvemos tan locos que me resulta imposible pensar que sigamos siendo humanos.

Pero no importa, porque en ese momento jugamos a divertirnos y pasamos a ser adultos, aunque sigamos siendo niños. Quizá eso es lo que le hace falta a algunos: ser adultos salvajes y dejar a nuestro lado infantil decidir las cosas importantes.

Nos quedan tantas vidas por jugar que he perdido la cuenta, y aunque se agoten estoy seguro de que al ver tu pecho subiendo y bajando al compás de tu respiración, seré capaz de inventar mil juegos más. Porque en realidad, la vida es un juego inventado por adultos en el que deberíamos jugar como niños.

Solo besarnos.
Solo abrazarnos.
Solo jugar a pillarnos y descubrir, al hacerlo, los mil secretos que escondemos.