Joder con el tiempo, que últimamente es tan caro que lo quiero comprar a puñados y no lo encuentro.

Veloz, la vida que se escurre y tropieza con piedras que dejan su huella al caer, las noto en mi cuerpo, me duelen, las huelo y las siento, son fuego que me ha ardido tanto que aún quema.

Qué duro asimilar que ayer bailábamos hasta el amanecer y hoy sufrimos la derrota, que la noche nos atrapa y nos hace suya, que juega con nosotros y nos remata.

No sé dónde han ido los años perdidos.

Tal vez los tengo en mi mano y no es para tanto.

Tal vez sí fueron aprovechados.

O tal vez se me cayeron sin darme cuenta.

Tal vez los pisé.

Joder con el tiempo, que se está burlando de mí, me hace creerme joven y otras tantas viejo, y nunca coinciden mi sentir con lo que quiero y ni siquiera sé qué quiero: si avanzar o quedarme en el pasado, si vivir de la nostalgia o creerme lo que tengo.

Qué jodido sentirse perdido, haber perdido el sentido cuando creías que lo habías conseguido, cuando habías alcanzado la victoria y el árbitro levantaba tu mano. Cuando el público coreaba tu nombre y te llevaba en volandas.

Todos gritando y tú solo en el ring.

Todos gritando y tú sin escuchar nada.

Todos gritando y tú saltando al vacío.

Anuncios

Volver – Morgan (Mi canción de la semana XXII)

¡Hola a todos/as! ¿Cómo os va el verano? Espero que bien. Esta época está llamada a ser la del descanso y disfrute pero muchas veces tenemos mil obligaciones que nos hacen ir de un lado para otro y darnos cuenta de que la vida de adulto no es tan fácil como la que imaginamos al firmar el contrato a los 18.

Yo, lo cierto, es que no paro quieto. A pesar de que ahora estoy en plenas vacaciones de mi trabajo como maestro, sigo ayudando en el bar en el que he trabajado estos últimos dos años; mi próxima novela va viento en popa, cada vez coge más forma y me entusiasma cómo está quedando, aunque lleve poco escrito; voy a empezar con las presentaciones de La chica de las mariposas, la novela que he conseguido publicar; y ahora, encima, he decidido empezar a hacer cursos que me formen más en relación al tema de la educación y la sexología porque nunca se debe dejar de aprender.

Y no, apenas tengo vida social. Maravilloso.

Hace semanas que quería pasarme por aquí para analizar alguna canción y, realmente, no me decidía por ninguna. Últimamente estoy descubriendo bastantes que sé que se convertirán en mi banda sonora durante mucho tiempo, pero no se me ocurría ninguna a la que, realmente, le pudiera hacer un análisis. Entonces se me encendió la bombilla y pensé en este grupo que me está dando tanto últimamente. Os hoy traigo magia y belleza, el nudo en el estómago. Hoy os traigo a Morgan con su temazo Volver.

Descubrí a Morgan hace un par de años. En aquella época buscaba canciones tranquilas1552558982_453038_1552561157_noticia_normal en Spotify relacionadas con el soul e incluso jazz. En una de tantas listas me encontré con el grupo y, lo cierto, es que apenas me quedé con un par de canciones para escuchar más de una vez: Home y Praying. Y sí, las tenía guardadas en mi móvil, las escuchaba cada dos por tres porque me llamaban la atención pero no pasaban de ahí. Al principio no fue un bombazo para mis oídos, e incluso, como os digo ni siquiera este Volver me había vuelto loco.

Pero siempre lo digo, la música son segundas oportunidades, masticar las canciones lentamente, no prejuzgar. Morgan empezó a formar parte realmente de mi vida el año pasado con su disco Air, con su temazo Sargento de hierro (canción con la que dudé si hacer una review y que tal vez haga en una próxima ocasión). A partir de ahí empecé a investigarlos de verdad y me enamoré irremediablemente.

Volver es una canción que te eriza la piel desde las primeras notas de piano, que te sumerge desde el principio y te lleva a un estado emocional sumergido en todos esos recuerdos que seguro guardas en tu interior, los que te hacen pensar en esa persona, en esa historia, en aquello que viviste y que se te quedó grabado.

Y es que esa primera estrofa ya es demoledora, esa que prácticamente define la canción y que concluye en el durísimo “si me ahogo sé que no me salvarás”. Pensar que esa persona ya no está, que pase lo que pase no volverá a tu lado, que todo lo que vivisteis ya no vale para nada porque acabó. Ya no hay nada, ya no sois nada, tal vez ya ni le importas.

fotonoticia_20190627112856_640Y te das cuenta de que se escapa, de que vuestra historia se escurre de entre los dedos, y te da rabia porque sabes que esa persona es especial, lo has visto brillar. ¿Cuántas veces hemos mirado a esa persona y la hemos desnudado por dentro? ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta que era lo que necesitábamos, lo que llevábamos tiempo esperando? Y joder, ¿qué ocurre si lo vemos correr, si sentimos que se aleja de nosotros, si todo desaparece y ya no queda nada?

Y llega el momento en que escuchas el silencio, en que no ves a nadie alrededor, en que la realidad te golpea y ya sabes que la soledad es tu única compañía, que esa persona, definitivamente no está, que se ha ido. Y lo único que quieres es gritar tan alto que te escuche el mundo entero, gritar los porqués y las dudas, de esas infinitas que te entran cuando todo acabe y no entiendes nada.

Pero entonces te das cuenta de todo, de que quién te debe echar de menos es esa persona, que quién debe estar esperando es ella o él, que es ella o él quien debe tener las dudas y tú tener las riendas entre tus manos, que tú mereces decidir si vale la pena, si vuestra historia debe terminar, que no todo vale, que es esa persona quién no te debe fallar.

Que si corre, esta vez no habrá otra oportunidad.

Todo esta historia acompañada con unas sencillas notas de piano que se te clavan en laP1010111-3-2-e1525460496829-710x442 piel como si fueran latidos de corazón, que golpean, que hacen sentir, que incluso duelen cuando la canción va adquiriendo más cuerpo y potencia. Y luego cabe destacar la voz de Nina, su cantante, que desgarra y endulza a la vez, que calma mareas y hace despertar gigantes, que te permite cerrar los ojos y dejarte llevar hacia lugares llenos de paz. Creo que es la voz más especial que tenemos ahora mismo en la música en castellano.

Realmente hace poco que llevo escuchando a Morgan en bucle pero ya los he hecho míos, ya forman parte de mí. Hoy os he traído una canción preciosa, llena de verdad, pero creo que su estilo no es el que más caracteriza al grupo, al que creo que marca mucho más el blues y el soul. Esto se refleja en otras canciones que os recomienda sin dudar como Another Road, Flying Peacefully, Work o Attemping, canciones con un rollazo increíble, totalmente distintas a cualquier cosa que se haga en España ahora mismo y que parecen más propias de un grupo totalmente considerado y con años de trayectoria detrás, no de uno que solo tenga dos discos en el mercado.

Morgan es un grupo al que estoy deseando ver en directo, uno de los pocos a los cuales no he visto y tengo realmente ganas por el rollo que desprenden, por ese buen hacer tanto a nivel instrumental como a nivel vocal, por ese aurea de verdadero rock and roll que poseen mezclado con los tintes antes mencionados, más propios de una banda tal vez estadounidense. Espero poder hacerlo pronto.

Y con esto me despido. Estoy contento porque, mientras escribía este artículo se me han ido ocurriendo varias canciones con las que poder hacer más. Así que no lo dudéis, tenéis “Mi canción de la semana de cuando tengo tiempo y fuerzas” para rato 🙂

¡A seguir escuchando mucha y buena música! 🙂


MORGAN es un proyecto nacido a mediados de 2012, momento en el que Nina de Juan (piano, voz) , muestra sus composiciones a Paco López (guitarra y voz) y a Ekain Elorza (batería), aunque no es hasta finales de 2015 cuando deciden entrar en el estudio a grabar su primer álbum. El estudio elegido es La Cabaña (Madrid) donde, con la ayuda del productor José Nortés (Ariel Rot, Quique González) registran su primer disco, North, que autoeditan y deciden distribuir ellos mismos.

El disco sale a la venta en febrero de 2016, coincidiendo con su vuelta a los directos, esta vez ya con formación eléctrica y la incorporación a la banda de Alejandro Ovejero al bajo y David Schulthess al teclado. Este primer concierto de presentación en la Sala Sol también es el primero en el que cuelgan el cartel de “no hay entradas”: unas semanas después, harían lo mismo en Berriz (Bizkaia) y en sus dos conciertos en el Teatro Lara de Madrid, en junio y setiembre de 2016.

A partir de ese momento, y hasta finales de 2017, Morgan no ha parado de tocar allí donde han podido. Durante 2016 presentan su disco en directo en 30 conciertos tanto en ciudades diferentes de la península -‐ festivales como Mad Cool, Sonorama, Gigante, Actual,… cruzando por primera vez el Atlántico para hacer dos fechas en Brasil, junto a la brasileña Tulipa Ruiz -‐ ganadora de un Grammy Latino ese mismo año – y cerrando el año acompañando a Leiva en su concierto del Palacio de los Deportes.

2017 fue el año de su consolidación como banda: arrancaron de la mejor forma posible reeditando su disco de manera autogestionada y entrando en listas de “más vendidos”: han seguido recorriendo de nuevo todo el país hasta llegar a los casi 100 conciertos en ciclos, salas y festivales, agotando las entradas en Madrid en salas como Ochoymedio o Joy Eslava y vendiendo centenares en otras como Barcelona, Bilbao o Coruña.

En marzo de 2018 y tras sólo dos meses parados, vuelven de nuevo con su segundo disco, AIR: el disco que sin duda va a marcar un antes y un después es su carrera como banda, grabado y producido entre finales de 2017 y principios de 2018 de nuevo por Jose Nortes, en Madrid.

Vía Morgan


 

LETRA

Sé que ya no importan las preguntas que fallé y cuando intente corregirme no estarás.

Sé que no te importa que no pueda respirar y si me ahogo sé que no me salvarás.

Tienes algo dentro yo lo he visto brillar pero corres.

Échame de menos, no me falles esta vez porque no sé si voy a volver.

Ya no dices nada y tengo ganas de gritar, sin querer estoy dejándote volar.

Es un poco tarde para remover la sangre, hace tiempo que olvidé cómo parar.

Tienes algo dentro yo lo he visto brillar pero corres y correr.

Échame de menos, no me falles esta vez porque no sé si voy a volver.

Tienes algo dentro y si no paras de correr voy a dejarte y no voy a volver.

 

Qué será de nosotros cuando pase una eternidad.

Qué será cuando ni siquiera en los libros esté escrita nuestra historia, cuando solo queden restos de lo que hoy es esplendor.

Qué sabemos nosotros de todo el amor que hubo en Roma, de los romances que hubo en París cuando París aún no era París, de todos aquellos que un día se creyeron inmortales.

Nada, ni siquiera sabemos sus nombres.

Nadie se acordará. Nadie leerá nuestros diarios ni cantará nuestra canción, aquella que hicimos nuestra, que bailamos tantas veces.

Qué será cuando ya no quede ni una puñetera huella de lo que un día hiciste.

Qué será.

Llegará un día en que no haya nadie que esté un mísero segundo triste porque tú no estés, un día en el que nadie se levante y piense “joder, ojalá…”.

Somos carne, somos polvo y recuerdo. ¿Y luego?

Llegará un día en que no seremos ni siquiera un recuerdo.

Solo se quedan los de los grandes imperios, los que hicieron la guerra en vez del amor, a veces algún que otro pintor, si tienes más suerte también algún escritor.

Pero jamás nunca alguien que solo vivió, que tuvo poca suerte en la vida y, “simplemente”, amó.

Caure no feia mal – Joan Dausà y Santi Balmes (Mi canción de la semana XXI)

¡Hola a todos/as! Madre mía. Debo pedir disculpas porque esta sección se llama “Mi canción de la semana” y ya ni canción de la semana ni siquiera canción del mes, hacía mil que no hacía una entrada de estas que tanto me gustan, que no me paraba un momento a charlar con vosotros.

Ya os conté la última vez que mi vida había cambiado 180º porque me habían llamado de cataluña para ser profesor. Hoy os vengo con otra novedad a la que, proximamente, le dedicaré un post: en junio saldrá a la venta mi primera novela, se llama La chica de las mariposas y tenéis toda la información en la web de la editorial Roomie ediciones.

Pero bueno, al contrario de lo que decía Francisco Umbral, yo hoy no he venido aquí a hablar de mi libro. Hoy os traigo al que, probablemente, es mi descubrimiento del año, una canción que desgarra el alma y rompe el corazón, hoy os traigo a Joan Dausà y Santi Balmes con su Caure no feia mal.

Descubrí esta canción allá por marzo, cuando me salió en una lista de Spotify. Debo

img_cgallego_20180416-163924_imagenes_lv_terceros_joan_dausa_per_noemi_elias2-kd0-U442620229788v7H-992x558@LaVanguardia-Web

reconocer que no fue la típica canción que me entró de primeras, sino que no fue hasta pasados unos días cuando me di cuenta de cuál era su verdadera magnitud. Esto es algo que me pasa con más frecuencia de lo normal: escucho una canción, sé que me ha gustado pero no derriba la puerta de mi casa de una patada, y tiempo después, tan solo con un par de escuchas más, se convierte en una canción que sé que me acompañará toda la vida. Esta experiencia describe la importancia de masticar bien la música, de dar segundas oportunidades, de no juzgar una canción por lo que te dice de primeras sino analizarla en profundidad y sacarle todo el jugo, como si fuese una obra de arte. ¿No lo es acaso?

Caure no feia mal es una canción para cerrar los ojos al instante y sumergirte en ella, de dejarte llevar como si estuvieras en una nube flotando, volando, de sentir su leve traqueteo en el corazón, una canción para pensar en todas esas veces que has caído, de volver a la niñez.

Esta canción habla justo de eso, de esa época de vida en que tropezábamos y alguien nos ayudaba a levantarnos, en que caíamos una y mil veces y alguien nos alzaba al vuelo y nos curaba las heridas, de ese anhelo por ser otra vez niños y tener de nuevo a ese héroe o heroína en el que confiábamos, con el que sabíamos que nada malo nos podía pasar.

Porque sí, ser adulto tiene sus ventajas, pero su mundo se parece más bien a una jungla que a otra cosa. Constantemente tropezamos y caemos, constantemente nos empujan, más bien, y debemos tener la fuerza suficiente como para levantarnos nosotros solos, sin la ayuda de nadie. Ya nadie nos arropa por las noches, ya nadie nos da un beso en la herida, ya nadie nos limpia la sangre bajo el agua, ya nadie nos ayuda a respirar.

1477416323559

Pero esta canción no es solo su letra, es su atmósfera. Desde el principio, desde ese leve rasgueo de guitarra que sonará toda la canción hasta el piano, pasando por las voces de dos monstruos como Joan y Santi. Todo nos lleva a un estado de nostalgia, melancolía y ensoñación increíble. Todo llega a lo más profundo de ti, todo da justo en la tecla necesaria. Primero caemos, nos hacemos daño, la vida nos da el golpe, y con la entrada del violonchelo vamos subiendo, nos curan, nos miman, nos reconfortan, nos cubren con una manta y nos dan un beso en la frente.

Y pensamos “ojalá ahora un simple beso lo curara todo”.

La canción avanza y alcanzamos un final que, más que envolverte en nostalgia, reconforta, te hace sacar media sonrisa y sentirte bien. Ese “y deixava caure el cos y volaba”, “dejaba caer el cuerpo y volaba”, te llena de vida y, tal vez, te hace relativizar las cosas y quitarle peso. Y es que, si de niño las heridas se curaban con un simple beso o la sangre se iba bajo el simple chorro de agua del grifo, ¿por qué no ahora? ¿Por qué hacer más grandes las cosas que, quizá, no tienen tanta importancia? ¿Por qué no centrarnos en lo que de verdad tiene relevancia en nuestra vida?

Ser niños, volver a jugar, olvidar las cosas malas al instante siguiente, caer y que no haga daño. Deberíamos aprender a ser lo que un día fuimos.

Hace tan poco que he descubierto a Joan que aún estoy masticando y descubriendo sus canciones. Me está gustando mucho porque la mayoría de sus canciones me inspiran calma y me llevan a muchos recuerdos y atacan recuerdos personales, como si cada canción contase algo de mí. De todas maneras, aún estoy en los inicios y no puedo situarlo al lado de otros cantautores favoritos como Andrés Suárez, Damien Rice, Zahara o Keaton Henson. De todas formas, ya os puedo recomendar otras canciones suyas como La teva veu, Diria que eres tu o Quan soni la tendresa.

Realmente espero aprovechar mi estancia en Cataluña y poder verlo en directo, pues creo que es un músico que debe ganar en el escenario, que sus canciones se harán más grandes y llegarán aún más si cabe al fondo del corazón, como demuestra este directo de la canción que os traigo hoy en el parque del Tibidabo, en Barcelona, y que os dejo abajo.

Y con esto me despido. Prometo volver en breves a hablaros de mi libro y a hacer más reseñas de canciones, me tengo que prohibir a mí mismo hacer tan pocas. Espero que me sigáis recomendando vuestras canciones favoritas y que todo os vaya genial.

¡A seguir escuchando mucha y buena música! 🙂


Joan Dausà y Riera (Sant Feliu de Llobregat, 1979) es músico, actor, presentador, licenciado en Administración y dirección de empresas por la UPF y licenciado en interpretación por el Instituto del Teatro. Es conocido principalmente por su banda de música pop Joan Dausà i els Tipus d’Interès.

Tiene 5 discos en el mercado: Jo mai mai (2012), Barcelona Nit d’estiu (2013), On seràs demà (2014), Barcelona Nit d’hivern (2015) y Ara som gegants (2018).

Vía Wikipedia


LETRA

No em deixis caure / si se m’emboira la mirada / Porta’m a casa / deixa que dormi sota l’arbre / Torna’m al lloc / on la vida bategava / i caure no feia mal.

I quan bufava vent de nord / m’enfilava entre les branques / de dalt de tot veia el llac que el fred glaçava / I em descordava els botons de l’abric en feia ales /
i omplia els pulmons d’aire.

I deixava caure el cos i volava / Almenys per uns segons volava / I deixava caure el cos
i volava / I si no ho feia tant se val / caure no feia mal.

Avisa l’àvia / m’he fet sang aquí a la cama / Entrem a casa / que t’ho netejo sota l’aigua / Ara un petó / d’aquells que tot ho curaven / quan caure no feia mal.

I quan bufava vent de nord / m’enfilava entre les branques / de dalt de tot veia el llac que el fred glaçava / I em descordava els botons de l’abric en feia ales /
i omplia els pulmons d’aire.

I deixava caure el cos i volava / Almenys per uns segons volava / I deixava caure el cos
i volava / I si no ho feia tant se val / caure no feia mal.

Canciones que llevan tu nombre

Anoche escuché la canción que tanto me recuerda a ti.

Sería bonito si no me hiciera tanto daño.

Si no contara nuestra historia con tantos detalles.

Si fuera una canción alegre, de esas que acaban bien, de las que escuchas sonriendo.

La cantamos tantas veces… La susurrábamos al oído y yo tocaba la guitarra con acordes mayores, después nos besábamos y bailábamos toda la noche metidos entre las sábanas.

Pero ahora todo se escribe en menor y la canción es un golpe al corazón.

Anoche escuché la canción que tanto me recuerda a ti.

Hablaba de esas noches en que nos cogíamos de la mano y recorríamos las calles, en que los gatos nos miraban contarnos la vida, envidiosos de nuestro aliento.

Hablaba de estar tumbados en la cama en silencio, escuchándonos respirar, calma previa a la tormenta.

Hablaba de mirarnos a los ojos y sonreir, de gigantes que se creen invencibles, de vidas que parecían ir siempre de la mano.

Pero también de tropezar y caer.

De no poder alzar el vuelo.

De rozarnos con los dedos sin tocarnos.

De alejarnos irremediablemente.

Qué bonito que cada canción lleve firma, que cada una tenga una historia que contar. Qué mierda que esta lleve la tuya, pues es mi favorita y nunca la dejaré de escuchar.

Qué mierda pensarte al sonar la instrumental, observar tu cara en la primera estrofa, escucharte justo cuando la canción no puede parar.

Qué mierda convertirte en canción y que seas inmortal.

Tú y yo, que lo fuimos todo.

Tú y yo, que tantas veces hablamos de imposibles, que hicimos la luna nuestra, igual que los besos a medianoche.

Tú y yo, que fuimos resistencia contra demonios venidos de otros mundos.

Tú y yo, que cantamos en silencio, que fuimos tormenta envuelta de sábanas blancas y gritos pidiendo más.

Tú y yo, que imaginamos la vida feliz inventada a golpe de sueño al oído, que nos susurramos tanta veces que, si cierro los ojos, todavía escucho tu voz.

Tú y yo, que caminamos en direcciones opuestas.

Tú, que ya me has olvidado.

Yo, que nunca te he dejado de pensar.

¿Qué hacer cuando anhelas tanto algo que nunca volverá?

¿Qué hacer cuando vives en espejismos de lo que nunca pasará?

¿Qué hacer cuando la vida te da una hostia diciéndote que ya nunca será?

Que las cosas han cambiado.

Que eres feliz no estando a mi lado.

Que no dependía de mí tu caminar.

Que dejándome atrás has conseguido avanzar.

Caer, suspirar, tal vez llorar.

Recibir la hostia con dignidad.

Soltarte, dejarte ir.

Simplemente disfrutar con tu felicidad.

Sentir

Sentir.

Descubrirse a uno mismo sin ningún miedo a hacerlo. Entender que a veces no nos entendemos pero sentimos, dejar volar el propio cuerpo sin juzgarlo, sin prohibir, sin obligaciones, sin decir no.

No llores.

No tengas miedo.

No estés triste.

No estés mal.

No te preocupes.

Déjalo libre. En esta sociedad de la soma y la eterna felicidad, obligarse a uno mismo a ser feliz es enjaular el pájaro que solo quiere vivir, atraparlo entre las manos y asfixiarlo, impedirle respirar. Y la jaula se hace más pequeña, nos atrapa, sus barrotes cruzan nuestro cuerpo y dejan marca, una que tarda en borrarse y queda en el corazón, más que en la piel.

No somos blanco ni negro, sino un gris de todos los colores, a veces tan oscuro que nos asusta, a veces tan claro que ciega. Ni uno ni otro nos permiten ver, ni uno ni otro nos ayudan a pisar el suelo.

Es necesaria la oscuridad, tanto como la calma, permitirnos exhalar el aire que acumulamos, ya sea a lágrima o silencio, me da igual grito que rabia. No podemos cogerla con los dedos, no podemos hacerla desaparecer por deseo propio, no podemos aparentar que no está porque justo eso es lo que quiere: alimentarse de nuestra ignorancia y del no saber adiestrarla, de no saber lanzarla.

Respira.

Este texto no va a decirte que seas feliz porque, de momento, no aprece tener el poder de algunas tazas de desayuno o mensajes milagrosos en las redes. Porque eso seria darte una droga que solo durará unos minutos.

Porque la felicidad, estimado lector, no consiste en ser feliz todo el tiempo sino en abrazar las emociones que piden a gritos salir, dejarlas libres, saber domarlas y llevarlas, ser consciente de que la oscuridad forma parte de nosotros.

Ser consciente de que cerrarle las puertas convertiria nuestro corazón en su hogar.