Sobre despedidas y finales | Relatos del baúl cierra

Suspiro. El boli corretea entre mis dedos, juega con ellos esperando a que me decida, a que empiece a arrojar tinta sobre la libreta que tengo encima de mis piernas.

Ya he empezado.

Ya no hay marcha atrás.

Hoy vengo a poner punto final. Hoy vengo a escribir las últimas líneas que se publicarán en este blog, los últimos alientos que arrojaré de mis pulmones, los últimos latidos, que son de lo que, al fin y al cabo, está hecho Relatos del baúl, de latidos, de sensaciones, de emociones, de pálpitos, de necesidades, de verdades y, a veces, mentiras, de realidades y espejismos.

De mí. Porque aquí me he desnudado como no lo había hecho nunca.

Un vistazo rápido a las entradas me dice que la primera se titula “Libertad” y la publiqué un 26 de mayo de 2009.

Justo la semana pasada el blog cumplió 7 años. 7 años ya…

Parece una vida, es una vida en realidad. Por aquel entonces tenía 17 años, estaba terminando 2° de bachiller, apenas había salido del nido y ni me imaginaba lo que iba a ocurrir después: ese intento de filólogo en Alicante, mi marcha a Almería para estudiar magisterio, el conocer gente increíble y apreciar más lo que se quedaba en casa, el darse cuenta de que la vida sólo merece la pena si se intentan alcanzar los sueños, si se vive para ello, para ser feliz.

No recuerdo exactamente por qué abrí el blog. Supongo que, durante el previo a la selectividad, necesitaba algo en que perder el tiempo y esta fue la manera, fue la manera de desahogarse un poco y dar rienda suelta a mi vena literaria, vena que ya llevaba varios años repleta de sangre

Sí sé por qué me voy. Me voy porque estoy cansado de leerme. Tengo la sensación de que llevo años escribiendo el mismo relato, escribiendo lo mismo, siempre amor, siempre desamor, siempre ella, siempre él. Tengo la sensación de haber hecho del amor un tema fundamental en la vida, en mi vida, y tal vez lo sea, pero he acabado aburriéndome del amor, de pensar tanto y no dedicarme a disfrutar de la vida, a hacerme mayor. Porque sí, amigas y amigos, el amor es una parte importante del ser humano pero nunca podemos dejar que nos domine, que se convierta en lo más importante.

Y eso es lo que me parecía cada vez que entraba aquí a escribir.

Llevo años escribiendo sobre un amor en el que no me veo reflejado.

Llevo años reflexionando sobre cosas a las que ahora mismo no encuentro ninguna importancia

Llevo años permitiendo que mierdas sin importancia ocupen mi cabeza cuando lo único que debería preocuparme es ser feliz.

Por ello creo adecuado cerrar esta etapa, dejar de escribir en este blog. Porque ya no me siento identificado con su contenido, porque ya no me “representa”, porque, como comprenderéis, no soy el mismo que hace siete años, no soy el mismo que hace cuatro años o dos, ni siquiera soy el mismo que era ayer.

Bueno, termino ya. Perdonad esta parrafada tan larga para despedirme pero es que este blog me ha dado tanto que quería escribir un último post a la altura. Este blog me ha permitido desahogarme de mis mierdas, me ha permitido ser creativo, me ha permitido no dejar de escribir y mejorar para un futuro, espero, lleno de éxitos literarios. Me ha permitido reflexionar y, probablemente, ser mejor persona, evolucionar. Sólo son textos, sólo son pequeños escritos pero yo lo veo así.

¿Y ahora qué? Bueno, tengo ya otro proyecto en mente porque me gusta demasiado Internet y este medio de expresión, aunque voy a dejar el amor y los relatos solo para mis proyectos novelísticos, lo único de Relatos del baúl que habrá en el nuevo proyecto será “Mi canción de la semana”.

En fin, ahora sí. Veía necesario hacer esto para cerrar del todo una etapa, una etapa en la que he sido feliz y de la que no me arrepiento de nada

Y es que, como supongo imagináis, el cierre del blog va unido al cierre de una etapa de vida. Porque la vida es eso: etapas.

Espero que lo que venga sea mejor que lo vivido y, espero, vosotros seáis lo más felices posible.

Gracias a vosotros, que habéis hecho de Relatos del baúl algo grande, algo que ha merecido la pena, algo de lo que me enorgullezco.

Gracias, simplemente, por estar ahí🙂

Grises

Late el viento a un ritmo desacompasado a la tormenta, se sitúa en medio de ella, le da vueltas, huyendo y jugando al mismo tiempo, como un niño que descubre una atracción nueva y empuja y empuja para que las horas pasen volando y, a la vez, como un viejo delante del mar, esperando que llegue su destino, ajustando su reloj para no perder el camino.

Tú y yo somos viento y somos tormenta, somos todas esas cosas que no podemos tocar, somos Romeo esperando bajo el balcón, somos ese Hamlet que ya no sabe si ser o no ser.

Somos todas esas dudas que nunca se resolverán.

Porque esta pelota azul que gira y gira corre deprisa y te hace caer, te hace levantarte, situarte en medio de la tormenta y darte cuenta de que las nubes blancas y negras se dan la mano y forman grises, reflejo de lo que pasa en tierra, reflejo de lo que somos: una gama de grises de todos los colores.

Grises que bailan al ritmo de la tormenta.

Grises como puñales acabados en rojo.

Grises como las lágrimas que no puedes evitar escupir al reír.

De Sol y oscuridad, como es la vida esta.

Veranos de sal

Piso las aceras testigos de nuestros silencios.
Las calles que escucharon ese primer abrazo.
Espera, lo revivo, lo siento.
Aguarda, te alcanzo, miento.
Ya no estás aquí.
Recuerdo el punto exacto en que te hablé por primera vez, el olor de la calle que me había visto crecer.
Verano de niños, de eternas vacaciones y granizado de limón, de orquestas que acompaño a plena voz, de agua salada y brisa refrescante.
Verano de niños siendo adultos, como si fuese la primera vez que sentimos el mar, así sentí tu aliento cuando rocé tu cara en ese primer beso.
Tantas primeras veces que, sin saberlo, eran las últimas.
Las últimas palabras.
La última sonrisa.
El último beso.
Luego septiembres.
Luego borrachos de orquesta que ya no entonan las notas.
Luego granizados que sólo saben a hielo.
Luego adultos que ya no se conocen.
Silencio. Pienso. Tiemblo. Ya no me conozco.
Pero quizá…
Quizá dejar de ser adultos.
Quizá olvidar los inviernos.
Quizá volver a pisar la arena de la mar.
Quizá pensar que la lluvia es confeti y los olvidos recuerdos, que en las calles hace calor y somos nosotros los borrachos de orquesta.
Esos que siempre bailan a pesar del que dirán.
Esos que son felices a pesar del qué dirán.

Mi vieja amiga

Hay quien mira a la muerte como una enemiga, una vieja sombra que se arrastra entre los vivos, atenta a cualquier suspiro agónico para poder hacer un viaje sin fin hacia la oscuridad más negra, esa de la que es imposible escapar, esa que construye muros sobre abismos, muros que impedirán volver a ver una sonrisa, sentir una caricia o dar un beso.

Tenemos miedo a la muerte como si fuera el final de una historia, tememos no ser más que un recuerdo que se perderá en el tiempo, polvo estelar incapaz de pensar, de tocar y ser tocado, de sentir emociones. Tenemos miedo al abismo porque no sabemos qué será de nosotros.

¿Qué será? La eterna pregunta.

El ser humano es capaz de ir a la Luna y no saber qué ocurre con nosotros cuando el cuerpo dice basta.

Quizá hemos convertido la pregunta más repetida de la historia en la más silenciada, en el tabú más grande de todos los tiempos. Quizá es por eso que nada sabemos y nada queremos saber.

Deberíamos abrazar la muerte simplemente como una vieja amiga con la que nos volvemos a encontrar, una compañera de viaje en este camino llamado eternidad. Porque, aunque no nos demos cuenta, ya hemos estado muertos, y lo peor que nos pudo ocurrir en esa oscuridad tan temida fue nacer crecer, sentir, tocar, emocionarnos.

Considero la muerte como una etapa más en nuestro camino, una etapa que deberíamos saber afrontar y tratar desde todos los frentes, en todas las edades. Porque de ella nada sabemos y, por tanto, nada podemos juzgar, no podemos juzgar la muerte como negativa o positiva, no sabemos si nos convertiremos en polvo, en un escarabajo o de nuevo en seres humanos, esta vez en la otra punta del mundo.

Dediquémonos a aprovechar esta etapa y pensemos que es inevitable acompañar, tarde o temprano, a ese no saber, a esa sombra sin guadaña que tal vez aconseje en lugar de aterrorizar.

Sólo así dejaremos de temer y disfrutaremos mucho más de este viaje.

Trazos imperfectos

Ya no me acuerdo de tu rostro.
Te construyo.
Te deshago.
Me olvido.
Eres como un maniquí de madera en una orquesta cuyas guitarras ya no suenan.
Eres verano, corto, intenso, feliz.
Eres café de mañana cuyo sabor viene a mí, cuyo olor se pierde entre olvidos.
No logro atisbar el color de tu piel, las pecas de tu rostro o las imperfecciones de tus labios.
Beso el aire a ver si te encuentro en él.
Imposible.
No recuerdo tu caminar ni tu forma de mirarme, sólo conservo la esencia, sólo sé que me gustaba.
No sé qué me gustaba.
No sé ya quién eres tú.
Si un recuerdo o sueño.
Ilusión tal vez.
Imaginaciones vertidas en este trozo de papel.
El lápiz me recita tu nombre.
Y aún tengo dudas.
De esas infinitas que no caben en una sola línea, de esas que no son punto y aparte sino seguido de todos tus alientos.
Sólo sé que seguiré buscando tu rostro.
En sueños.
En libros.
En cuentos.
En canciones que hablen de nuestra historia.
Allí donde tus ojos tomen forma.
Donde nuestro cuento se haga vida.

Reflexiones en San Valentín

Mientras escribo estas líneas, repaso mis redes sociales y observo por todas partes demostraciones de un amor que parece eterno, sin una sola mancha negra en su pasado, de una felicidad más propia de cuentos de hadas o de películas de Julia Roberts.
Vivimos en una época en que mi amor por una persona no vale si no lo proclamo por todo internet, si no digo que la quiero, que es el amor de mi vida, que todo sería un infierno si ella no estuviera a mi lado.
Vivimos en una época en que necesito tener mil fotos con ella y que todos mis amigos las vean. Una besándola, porque todo el mundo debe saber que nuestros besos son los más sinceros. Otra abrazándonos, para que nadie pueda decir que no somos cariñosos. I otra recordando todos los años que llevamos juntos, no vaya a ser que alguien piense que nuestro amor es flor de un día.
Vivimos en una época que me obliga a hacerle un regalo a mi pareja en un día como este. No importa que el resto del año apenas nos comuniquemos, si hoy le regalo algo y, además, lo hago saber a todo facebook, nuestro amor no morirá en cien años.
Pues a mi me gusta más el amor silencioso, de las miradas que hablan, de picarnos constantemente, de reírnos de nosotros mismos y hacer locuras sin pensarlas. Ese amor que no hace falta gritar a los cuatro vientos. Porque es necesario demostrar y no aparentar, quererse todos los días y no sólo una vez al año.
¿Qué pasa? ¿No hay amor si no le digo que la quiero? ¿No hay amor si no la rodeo de obsequios y poemas? ¿No hay amor en un abrazo, en una simple mirada, en un sencillo beso?
Pienso que deberíamos vivir más el día a día y fijarnos en las pequeñas cosas. Es allí donde verdaderamente reside el amor y no en un mensaje en una red social, un mensaje que puede estar carente de sentido, de sensibilidad, de pasión, lleno de palabras, vacío de contenido.
En fin, voy a dar otra vuelta por mis redes sociales y a sentirme fatal porque hoy todavía no le he dicho a nadie que la quiero.

Páginas en blanco

Brindo por todas aquellas historias que nunca escribimos por miedo a querernos.
Brindo por los eternos bailes que danzamos sin mirarnos a los ojos, sin contarnos las caricias.
Brindo por las canciones que escuchamos sin pensar en nadie, a pesar de que cantaban nuestra historia.
Brindo por los silencios que decían tanto y por las palabras vacías que callaban a gritos.
Brindo por todas aquellas veces que quisimos follarnos y sólo nos miramos tristes.

Brindo por ti y por mí,
por todo lo que fuimos,
por lo que dejamos de ser.
Por los defectos y virtudes,
por las catástrofes y precipicios, los nuestros,
y por las segundas oportunidades.

Brindo por escribir nuevas historias sin miedo a perdernos.
Brindo por bailar mirándonos a los ojos, contando cada imperfección de nuestra piel.
Brindo por cantar esas canciones que cuentan nuestra historia, gritarlas, dejarnos la voz toda la noche.
Brindo por los silencios que cuentan cuentos y palabras que susurran te quieres.
Brindo por el sexo sincero de gritos ahogados, de pieles eternas y labios prohibidos.

De historias reescritas está hecha la vida.
De cuentos de hadas de finales inacabados, imprecisos, imperfectos.
Ya no queda nada de nuestra historia.
Ya no queda nada de los finales.
Y no nos hacen falta.
Porque aún nos quedan los principios, los inicios, las segundas partes.
Esa historia de páginas en blanco aún por escribir.