Diario de Jess: en la acampada II

El segundo día de acampada en la casucha de mi primo Jordi fue genial. Fue un día lleno de risas, emociones y sensaciones que me encantaron.

Llegamos allí con el coche de mi amiga Sandra después de comer y enseguida notamos como había algo diferente en las actitudes de David y Sergio, se podría decir que estaban algo… contentillos. Según ellos, con el pollo que se habían comido, se habían terminado entre los dos una botella de vino, enseguida lo entendimos, ese atontamiento y risitas surgía de que estaban medio borrachos.

Estuvimos un rato charlando, de cosas que no importaban pero que hacían la tarde amena y divertida, David y Sergio continuaban bebiendo vino, emborrachándose cada vez más, aunque según ellos no estaban borrachos, sólo contentos, y mientras Sergio y yo continuábamos compartiendo miradas, sonrisas, gestos.

Sobre las cinco de la tarde, llegaron dos amigas mías más, se llamaban Miriam y Cris. La casucha no medía más de diez metros cuadrados pero no importaba, teníamos lo suficiente para que la tarde fuera divertida: un juego de cartas, dos paquetes de pipas y algo de bebida ¡con qué poco nos conformábamos!

Poco después, David y Sergio se pusieron alerta ¡se había acabado el vino! En ese momento era algo que les preocupaba mucho así que sin dudarlo y pasando por alto que los dos estaban bastante borrachos, cogieron la moto de David y se fueron a casa de Sergio a por un poco más de vino.

Mientras mi primo y Sergio iban a la casa de Sergio a por el vino, mis amigas Sandra, Miriam y Cris, Jordi y yo pusimos una especie de colchón en el suelo que habían fabricado mis dos primos y Sergio con trozos de corcho para poder dormir lo suficientemente cómodo. Cogimos las mantas y los sacos de dormir que los chicos habían traído de sus casa y nos tumbamos en el suelo, de esta forma charlábamos más relajadamente y era mejor que estar sentados en las sillas.

Alrededor de una hora después desde que se habían marchado, David y Sergio volvieron a la casucha y nos contaron la aventura que habían tenido: resulta que habían tardado más de lo normal porque David, de lo borracho que estaba, no se aclaraba con la moto. Después cuando llegaron a casa de Sergio, éste le había dicho a David que no había nadie, así que, confiados, habían entrado riéndose y dando voces en la casa, todo eso hasta que David, que fue el primero que entró descubrió que sí había gente, en el sofá del salón estaban sentados su hermana pequeña y su padre, a todo eso se le sumó que al cruzar la puerta de entrada, Sergio, de lo borracho que estaba, se cayó de culo ante la mirada de su padre al que se le notaba cara de enfadado porque claramente sabía que estaban borrachos y su hermana que reía a carcajadas ante la situación.

Después de habernos contado lo que les había pasado, David se acostó en su saco de dormir y Sergio se vino a mi lado, con la excusa de que necesitaba que alguien le cuidara, que tenía ganas de vomitar. Y allí estábamos, Sergio y yo como si fuéramos un matrimonio, yo acariciándole y diciéndole cosas para que no vomitara. Mi primo David tapado hasta la cabeza y gritándole a mi otro primo que se enrollara con mi amiga Cris, con frases como “Dale pan” que aún no entiendo. Y mis amigas Sandra y Miriam, tranquilas, charlando, comentando lo que veían.

Un rato después, mis amigas Miriam y Cris se marcharon y fue en ese momento cuando empezó lo más interesante. David, Jordi, Sandra y yo empezamos a recoger las cosas ya que esa noche, los tres chicos ya no se quedaban a dormir. Sin embargo, Sergio parecía que no tenía muchas ganas de hacer nada, ya que seguía debajo de su manta, como si estuviera durmiendo. Pero durmiendo no estaba, ya que llamó a alguien para reclamar su atención, ese alguien era yo.

-Jess -gritó -ven aquí a hacerme compañía.

Yo me lo pensé un momento pero sin dudarlo un segundo más me acosté a su lado, me empezó a hablar casi al oído, en voz baja.

-Jess, te he decir algo.

-Dime -contesté yo.

-Esto no me había pasado nunca con ninguna otra chica, me gustas, me encantas ¡te quiero tanto!

-Sergio yo… tenía algo de vergüenza de decírtelo, pero tú también me gustas mucho.

En ese momento fue cuando Sergio se movió un poco, dejando un hueco debajo de la manta y me hizo un gesto para que cubriera ese hueco. Yo me moví y me coloqué donde el quería, entonces él nos tapó a los dos por encima de la cabeza para que nadie nos viera. En ese instante llegó el momento maravilloso, Sergio y yo nos empezamos a besar, primero dulce y tranquilamente, después de manera más alocada. Unos segundos después, nuestros labios se separaron. Los dos nos miramos a los ojos y sonreímos.

-Espero que esto no termine nunca, que estemos siempre juntos -me dijo.

-Yo también -le contesté.

Nos dimos algunos besos más y después nos quedamos abrazados como auténticos enamorados, hasta el momento en que mi primo Jordi nos llamó la atención, diciéndonos que era el momento de irnos.

Sergio y yo salimos de debajo de las mantas, recogimos un poco y esperamos unos minutos hasta que el padre de Sandra llegó. Nosotras volveríamos en su coche mientras que los chicos volverían en sus motos.

Aquella noche volví a recordar el momento, el momento en que Sergio y yo nos besamos, en que nos declaramos nuestro amor, ojala como dice él, que todo esto dure, que estemos juntos siempre, porque me he dado cuenta de que estoy muy enamorada, completamente enamorada.

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