Anclado en el pasado

La cabeza me da vueltas sin parar, no consigue hacer callar esa voz que me está volviendo loco, esa voz que viene del pecho, de ese que no se desespera, que aún tiene ilusión, que no cesa en su búsqueda de lo perfecto, que no deja de latir por mucho que le digan, por mucho que lo intenten detener, esa voz de ese maldito corazón que no para, todo el día… quizá, quizá, quizá, no desesperes, hay posibilidades, levanta la cabeza, no te eches contra el suelo, aún no está todo perdido… ¡Cállate! ¡Déjame vivir tranquilo! ¡Déjame seguir otros caminos, déjame vivir otras vidas, soñar nuevas esperanzas, ilusionarme por cosas que no he vivido!

Lo intento hacer callar, hacerle ver la realidad, lo que está pasando de verdad y no lo que él quiere que pase, y es que una cosa es la apariencia y otra bien distinta es la realidad, casi nunca tiene que ver uno con lo otro porque si solo nos dejamos llevar por las apariencias luego nos llevamos el chasco, la bofetada, entonces nos quejamos de la realidad cuando ella nos lo había dicho claro desde el principio.

A pesar de todo él sigue, no para, sigue esperando lo que no va a pasar, tiene aún una esperanza sacada de no sé dónde, sigue latiendo como si nada hubiera pasado, tan fuerte que me duele, sobretodo porque sé que late por nada… ¿por qué la quieres olvidar? Espérate, quizá aún no esté todo perdido. Escúchame, no la olvides, sigue ahí ¿recuerdas? No has visto a su corazón decirlo… ¡Cállate, joder! ¿No lo entiendes? No es no, no un quizá o un sí, ¿comprendes? ¡Deja de latir, deja de recordarme su piel cada vez que la olvido, deja de querer hacer que la quiera, deja de soñar de una puñetera vez!

Después de regañarle para, pero solo por unos instantes, instantes en los que pienso en otros sueños, otros caminos y otras vidas, instantes en los que aparece esa frase tan sabia que dice que hay muchos peces en el mar, que si uno no vale, puedo pescar otro. Pero esos instantes duran demasiado poco y la verdad es que ya estoy cansado de escucharte, corazón, estoy cansado de escuchar tus mentiras, tus promesas, estoy cansado de no seguir adelante, de sufrir siempre por ti. A partir de ahora quiero ir separado de ti, quiero seguir mis propios caminos, guiarme por mi instinto y no fiarme de ti, que me has fallado tantas veces.

Y es que lo peor que puedes hacer, corazón, es quedarte anclado en el pasado, un pasado que solo sirvió para no volver a tropezar con esa maldita piedra llamada amor.

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