Almas de fuego

No había en el mundo dos almas como aquellas, que con tan solo mirarse sabían lo que pensaban, que con tan solo rozarse se sentían una en la otra, tan hondo que parecían una sola.

Dos miradas pícaras que se desnudan mutuamente, sonríen y se funden en un beso que las hace explotar, es un beso suave que sabe a intensidad, que sabe a fuego, los ojos están cerrados pero pueden verlo todo, quién es de verdad la otra persona, qué siente, sus deseos, lo más profundo que pueda haber en ella. Abren los ojos y se dan cuenta de lo que están haciendo, y les gusta, les encanta, no pueden parar, los labios de una descansan un momento mientras la otra recorre su piel centímetro a centímetro, quiere su olor, quiere su sabor y se da cuenta de que su piel parece eterna y que podría estar toda la vida recorriéndola.

Las almas se desnudan del todo y se quedan una frente a la otra, en un absoluto silencio, contemplándose, analizándose, con un deseo que ya no cabe dentro, disfrutan de cada parte del cuerpo, se sienten sin siquiera tocarse. Luego el fuego estalla y un alma se lanza contra la otra en una mezcla de pasión y romanticismo, se atraen, se desean pero no por ello van a dejar de amarse. Un cuerpo choca contra el otro y los labios se vuelven a fundir, quizá durante diez minutos que pasan rápidamente, podrían estar siempre así pero se dan cuenta de que el cuerpo es eterno. Se rozan, se acarician, besan partes del cuerpo en las que nadie ha estado jamás, se sienten, podrían hacerlo un millón de veces más.

Y la respiración se acelera, parece que se agota pero quieren seguir, simplemente porque se gustan, porque se desean, porque en ese instante parece que no podrían vivir el uno sin el otro, simplemente porque están haciendo lo más bonito que pueden hacer dos personas que se quieren.

A la habitación vuelve el silencio, las miradas se vuelven a mirar y sonríen, no hay dos personas que se puedan querer más. Se besan lentamente, conquistando los sabores que quedan por conquistar. Las almas se miran en silencio durante media hora, quizá una entera, y los párpados se cierran lentamente.

Las almas saben que esa noche dormirán plácidamente, con una sonrisa en los labios, saben que no soñarán, simplemente, porque lo que soñaban todas las noches al fin se ha cumplido.

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