Al son de una canción

Hoy te voy a mostrar la mejor noche que vivirás jamás. Ven, cierra los ojos y déjate llevar por el rastro de mis palabras, de los sueños…

Te llevaré hasta mi casa, que nos recogerá entre sus brazos, entre el silencio y la oscuridad de cada rincón, cada pared será testigo de que yo te diga te quiero mil y una veces y estarán atentas al primer beso que te dé, que no será hasta un poco más tarde, alargaré el momento para que lo esperemos con impaciencia, para que nos sepa mejor, para que sea especial.

Nos sentaremos en mi cama, que estará bañada por la brisa que llega desde la ventana entreabierta, tu pelo se moverá y sentiremos cómo el ambiente que nos envuelve es único, solos tú y yo y esa brisa, que parece un ángel que nos guarda.

Cogeré la guitarra y te mostraré una canción, una que cantaremos los dos, te enseñaré los ritmos y el tiempo y poco a poco harás la canción tuya y nos podrás dejar de cantar. Será entonces cuando, además de tocar, cante contigo, un verso al oído, otro cerrando los ojos, simplemente dejándome llevar por tu voz. Nuestras voces cantarán juntas y sentiremos que estamos en el cielo o un poco más allá, no lo sé… sentiremos que el mundo ha desaparecido y que los versos dicen todo aquello que no nos habíamos atrevido a decir.

Se acabará la canción y nos miraremos a los ojos, mis manos seguirán tocando acordes, como si quisieran darle melodía al momento, nos quedaremos así quizá un largo tiempo, aguardando el momento, y es que hay quién dice que es mejor el momento previo al beso que el beso en sí. Yo no lo sé… pero llegará el momento en que no pueda evitar acercar mis labios a los tuyos y que choquen lentamente, como si fuesen dos esponjas rozándose, suave, muy suave, disfrutando el instante y el sabor, disfrutando de ti. Dejaré la guitarra porque molestará más que otra cosa y te acariciaré con los dedos, recorreré lentamente tus hombros, tu cuello, tu pelo…

Dejaré tus labios para recorrer otros mundos, quizá tu oreja, quizá tu cuello, quizá tu pecho hasta tu ombligo, quizá… sentiré que podría pasarme un millón de noches recorriendo tu cuerpo y no acabar nunca, sentiré que no quiero acabar nunca, que quiero estar toda la vida a tu lado.

Ya, abre los ojos, vuelve a la realidad, vuelve del mundo de los sueños porque allí… allí pueden pasar esto y mil cosas más pero siempre serán eso, sueños. Dejemos que la realidad nos enseñe la valiosa lección de que ésta siempre supera a la ficción. Y es que en la realidad pueden pasar ésta y un millón de cosas mejores.

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