Atados

Quizá, solo quizá, sea yo el que se equivoca, el que se ha precipitado demasiado pronto hacia el abismo, el que ha visto demasiado cerca la oportunidad de alejarme de su cuerpo, el que sonrió de satisfacción a la vez que ponía un grito en el cielo, el que, al verle, deseaba atarme con cadenas para no hacerle daño.

Quizá, solo quizá, sea yo el único que está ciego, el único capaz de odiar, de ver unos hilos que no existen, él único capaz de verse feliz en una vida alejado de sus pensamientos, de querer hacer de todo aquello que me rodea algo mejor, de pensar que hacen falta pocas cosas para estar tranquilo, que no necesito un demonio más sobre mí cabeza.

Quizá, solo quizá, soy yo el que me imagino otra realidad, el que ve fantasmas donde no los hay, el que se come la cabeza sin ninguna razón, el que intenta encontrar malos pensamientos donde solo hay buenas acciones.

Quizá, solo quizá, soy yo el único que tiene el corazón de otro color…

Quizá, solo, quizá, todos, absolutamente todos, tenéis razón y me tengo que callar, callar a esa vocecita que me sale del pecho que dice… no, no, no, no, no…

Aunque quizá, solo, quizá, todos, absolutamente todos, estáis atados a sus hilos, y habláis por su boca y os movéis por sus manos.

Quizá, solo, quizá, aquí el único que tenga razón sea yo.

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