Mariposas

A veces basta simplemente con quedarse en silencio.

A veces basta mirarse para saber lo que cuentan los labios.

Esa tarde Marta y Víctor se miran demasiado, aunque envueltos entre amigos los labios se silencian y hablan solo ellas, las miradas, que se ríen, que se cuentan secretos jamás contados, que se gritan palabras de amores imposibles, que se olvidan y recuerdan pasados que nunca existieron.

El fuego ya crepita dando luz a los deseos que esa noche caerán sobre él. Deseos y quizá cerrar puertas que se dejaron entreabiertas, abrir otras que creían olvidadas. Todos ríen, todos cuentan historias que nadie cree pero queda una historia por contar, esa que necesitan inventar, o que la inventen sus cuerpos, sus labios, o qué saben ellos…

Es difícil luchar contra los impulsos, y ellos los saben. La batalla es constante, aunque ninguno de los dos sabe que el otro está luchando, quizá así las cosas serían distintas. Pelean contra sí mismos por no entrelazar los dedos y tal vez quererse, dejar atrás guerras pasadas y mirarse a centímetros, olvidar por un instante que hay gente alrededor, o que desaparezcan, quizá mejor.

Quedarse mirándose unos minutos, porque a veces el mejor instante es el previo al beso, y es que en ese instante las mariposas vuelan más alto que nunca, en ese instante el otro sonríe y te encanta, en ese instante crees que el universo se ha inventado para que ese beso llegue y quieres retrasar el momento, aunque todo llega.

Los dos saben que algo pasa. Las miradas hablan, cuentan que esa noche será mágica no por fecha, sino por ellos, por su pecho salpicado de emociones. Tal vez… Aunque dudan, aunque piensan en el quizá. Quizá esa mirada no está contando lo que creen, quizá no es cierto, quizá el fuego engaña, o la noche, o el mar acariciando la orilla. Quizá callan más que hablan, quizá esas miradas borran más que pintan.

Quizá no es el momento, o, simplemente, nunca hubo momento, nunca hubo nada.

Suenan las doce en algún lugar lejano. Todos corren hacia un agua que les abraza helada, quitando de su piel huellas que llevan demasiado tiempo intentando borrar. Todos saltan y ríen más que nunca, cerrando los ojos y gritando a la nada cosas que nadie consigue descifrar.

Ellos, Marta y Víctor, se miran, como llevan haciendo toda la noche, como llevan haciendo toda la vida. Ella contando cuántas olas consiguen derribarla, él contando las estrellas que les observan, los dos contando cuantos pasos separan su beso, ese que no llega, ese que se ha quedado suspendido en el aire esperando a que los dos derriben barreras, esperando a flotar solo entre sus labios.

Los dos cuentan pasos.

Pero ninguno camina.

Y probablemente nunca lo harán…

A veces basta simplemente con quedarse en silencio.

A veces basta mirarse para saber lo que cuentan los labios.

Pero un silencio no habla, una mirada no besa.

Y quizá por eso las mariposas no volaron como nunca habían volado.

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