Dioses e infiernos

Llueve…

A cada instante, una gota, dos, tres… Recorre mi cuerpo, confundo sudor y agua, miro hacia arriba y mil dioses me observan esperando el siguiente movimiento. Ríen, cantan, bailan, y la tempestad son sus copas brindando en la más ruinosa de las tabernas, burlándose de los tristes humanos, que nos preocupamos de problemas mundanos.

Qué sabremos nosotros…

Soy un juego, velan por mí, estoy encima de la mesa y sus ojos están fijos en mí. Me siento pequeño. Silencio. Se miran, ¿qué hago? No lo sé. El sudor recorre mi cuerpo e intento dar el primer paso. Me cuesta, me duele, me caigo. Se burlan, lloran de la risa, me señalan, miro abajo.

Ya no duelen las piernas, sino el alma.

La oscuridad, las barreras, los vacíos, los abismos… Duele todo aquello que perdí, todo aquello que nunca logré alcanzar.

Me dan un empujón, aun estando en el suelo, siguen burlándose de mí, quieren que me levante, quieren que me caiga otra vez.

Y lo hago, y lo haré.

Tantas veces como sea necesario. Mi cabeza me lo dice, me lo grita, me lo repite una y otra vez.

Hazlo, hazlo, hazlo…

¡Hazlo joder!

¡Que no son dioses, son fantasmas! ¡Que no son gigantes, solo sombras de ti mismo!

Hazlo, no lo intentes, porque intentarlo es el primer paso hacia el fracaso. Está en tu mente, está en tu cuerpo, está en tus piernas, esas que darán el primer paso. Y los dioses gritarán, lloverán tempestades de copas rotas y tabernas vacías, incrédulos porque alguien algún día no se rindió.

Me tiemblan las piernas, me rompe el cansancio…

Soy un juego, velan por mí, estoy encima de la mesa y sus ojos están fijos en mí. Me siento pequeño. Silencio. Se miran, ¿qué hago?

Lo hago, ni siquiera lo intento. Me levanto y miro a los dioses cara a cara, me doy cuenta que arden, que en realidad son presos de sí mismos, que en realidad son seres atormentados por la nostalgia de una vida que no quisieron vivir. Entristezco.

Pero ya me da igual. Y voy hasta el final. Y camino. Y lucho. Y juego en las mil batallas que me ofrecen.

Porque solo así sé que tengo las riendas y que iré hacia donde solo yo quiera ir.

Hacia quién sabe dónde.

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