De fiesta

Todos los sábados igual:

Mis amigos y yo quedamos en el bar de siempre, aquel en el que ya no se asustan de las burradas que hacemos y aunque habíamos quedado a la diez, entre unos que llegan tarde y los del bar que no nos hacen caso, a las once empezamos a cenar. Entonces empieza la guerra para ver quién se pide el plato más caro y quién bebe más alcohol, total como al final pagamos a medias ¡Habrá que gastar! Termina la cena y entre filetes y cervezas la cuenta nos sale por un ojo de la cara. Sigue leyendo