Quién

Despierto.

Una neblina cruza mi mente, está oscura, perdida, quizá en algún sueño que ya no recuerda.

Aun sin abrir los ojos, creo ver sombras que se deslizan alrededor de mi cama,

aun sin ver, siento que hay alguien cerca de mí, que me mira, que me observa,

aun estando medio dormido, o medio despierto, sé que todo es real.

Y me intento mover.

Y no puedo.

Estoy atado de pies y manos,

cada uno de mis músculos está paralizado, quizá por miedo, o quizá por algo externo,

noto una fuerza que me mantiene contra la cama e impide siquiera que tiemble de terror.

E intento gritar.

Y no puedo.

Mis cuerdas vocales se quedan mudas e impotentes ante lo que está pasando,

necesito que alguien me ayude, que alguien venga a rescatarme de esta pesadilla que está durando demasiado,

pero no,

me falta el aire y los gritos son silencios,

me siento solo ante lo que está por venir,

nadie va a venir,

nadie va a venir.

Quiero abrir los ojos.

Y no puedo.

Y no sé si quiero.

Me pesan los párpados como mil demonios,

como si temieran ver mil fantasmas,

lo temo, si.

Temo abrirlos y que haya alguien a mi lado,

que la sombra deje de ser sombra y se convierta en figura,

en alguien de mi pasado,

o mi presente,

alguien que no exista.

Los abro, creo, aunque no estoy seguro.

Y sé que hay alguien, sin haberlo,

sé que alguien me observa, sin verlo,

sé que alguien me acompaña, estando la habitación vacía…

Y me duermo, y todo pasa pero todo queda.

Y no sé si ha sido real o fantasía,

ni quién había ni quien no.

Ni siquiera sé si soy yo.

Gritar

Te seguiré hasta la oscuridad.

Bajaré a los infiernos para acompañarte en esas noches de frío en las que ya no queda nada.

Solo tú y tus lágrimas, esas que derriten horizontes y desiertos, esas que empañan amaneceres hasta convertirlos en tristezas propias de diciembre.

Te daré la mano para que cojas todo el brazo.

Por si acaso echas en falta a alguien a tu lado.

Perseguiremos los ríos de lava hasta encontrar una salida, los dos juntos, siempre, no concibo otra manera de contar los segundos.

Mirarte a los ojos.

Y leer en ellos todo lo que no te atreves a contarme.

Desgarrarnos las ropas mientras nos caen mil litros de una lluvia ácida que nos destroza las gargantas.

Y gritar.

Siempre gritar.

Como gritan los gigantes que pierden a su presa.

Como grita una madre cuyo hijo es asesinado

Como grito yo al verte triste.

Porque lo odio. Bueno, en realidad me odio a mi mismo por no saber calmarte. Secar tus lágrimas con mi dedo índice y que apoyes tu cabeza en mi pecho.

Ya no sé.

Ni qué hacer ni qué decir.

Quizás… Tal vez…

Besarte.

Y que me sepas dulce a pesar de tus lágrimas de sal.

Porque después de eso quizá sonrías, puede que consigamos ver atardeceres.

Esos que llevan nuestro nombre escrito en las nubes, esos que se llevan todos los problemas del día y te hacen pensar que el mañana será mejor.

Puede, siempre puede que sea así.
Volver allí donde nos perdimos y ponernos a bailar sin pensar en otras cosas.

Allí donde nos perdimos o allí en la oscuridad, allí abajo, en los infiernos

Allí donde gritaremos sin miedo a lo que puedan decir de nosotros.

Allí donde te seguiré hasta perderme.

Allí donde te escucharé hasta encontrarte.

Llora, no te cortes

Que bien sienta llorar cuando alguien no está cerca,

que bien sienta llorar cuando todo te da rabia,

que bien sienta llorar cuando alguien te da una buena noticia,

llora, no te cortes.

Que bien sienta llorar cuando te rechazan,

que bien sienta llorar si alguien te grita,

que bien sienta llorar si eres feliz,

llora, no te cortes, puede ayudarte a que la vida sea maravillosa