Quién

Despierto.

Una neblina cruza mi mente, está oscura, perdida, quizá en algún sueño que ya no recuerda.

Aun sin abrir los ojos, creo ver sombras que se deslizan alrededor de mi cama,

aun sin ver, siento que hay alguien cerca de mí, que me mira, que me observa,

aun estando medio dormido, o medio despierto, sé que todo es real.

Y me intento mover.

Y no puedo.

Estoy atado de pies y manos,

cada uno de mis músculos está paralizado, quizá por miedo, o quizá por algo externo,

noto una fuerza que me mantiene contra la cama e impide siquiera que tiemble de terror.

E intento gritar.

Y no puedo.

Mis cuerdas vocales se quedan mudas e impotentes ante lo que está pasando,

necesito que alguien me ayude, que alguien venga a rescatarme de esta pesadilla que está durando demasiado,

pero no,

me falta el aire y los gritos son silencios,

me siento solo ante lo que está por venir,

nadie va a venir,

nadie va a venir.

Quiero abrir los ojos.

Y no puedo.

Y no sé si quiero.

Me pesan los párpados como mil demonios,

como si temieran ver mil fantasmas,

lo temo, si.

Temo abrirlos y que haya alguien a mi lado,

que la sombra deje de ser sombra y se convierta en figura,

en alguien de mi pasado,

o mi presente,

alguien que no exista.

Los abro, creo, aunque no estoy seguro.

Y sé que hay alguien, sin haberlo,

sé que alguien me observa, sin verlo,

sé que alguien me acompaña, estando la habitación vacía…

Y me duermo, y todo pasa pero todo queda.

Y no sé si ha sido real o fantasía,

ni quién había ni quien no.

Ni siquiera sé si soy yo.

Diario de Jess: en la acampada I

Después de haber pasado algunos meses en el instituto, llegaron cuatro días de vacaciones en las que nos podríamos tomar un respiro y nadie sabía que hacer, ninguno de nosotros había pensado qué hacer durante esos días y los chicos improvisaron una solución: ir a una casucha que mi primo Jordi tenía en el campo, tendrían que dormir en el suelo, hacer fuego en un barril de hierro y luz con unas linternas pero al fin y al cabo sería divertido.

La respuesta de mis padres al preguntarles si podía ir allí a quedarme a dormir fue la misma que obtuvo Sandra al preguntárselo a los suyos: “¡A dormir! ¡De ninguna manera, como máximo vais allí a pasar la tarde!” Así que Sandra y yo nos teníamos que conformar con ir a comer al mediodía, pasar allí la tarde y que al llegar la noche uno de nuestros padres viniera a por nosotras, mientras, Jordi, David y Sergio pasarían todo el día y la noche allí. Sigue leyendo

Noche en la playa

El día que llamó al timbre de mi casa, se echó a mis brazos y mientras lloraba a lágrima tendida me dijo “me han dicho2357893442_e853dacc36 mis padres que nos vamos de la ciudad” se me cayó el alma a los pies. Se llamaba Gema, tenía el pelo marrón liso, una piel de un tono moreno y los que más me encantaba de ella eran sus ojos de un azul intenso que me conquistaron desde el primer momento en que la vi, era sencilla y una persona inteligente como no había conocido antes.

Reconozco que aquella noche la pasé muy mal, recordando los momentos que habíamos pasado durante el año y medio que llevábamos juntos, tantos besos, tantas caricias, tantas miradas que habían llenado nuestras tardes iban a acabar de un carpetazo y una relación como la nuestra no podía acabar de esa forma así que después de rondarle un par de veces a la cabeza se me ocurrió que debíamos pasar una última noche juntos, una última noche especial. Sigue leyendo

Diario de Jess: noches veraniegas

“¡Qué calor hace!” Desde que ha entrado el verano no hago más que repetirATT00001 esa frase y es cierto, por el día casi ninguna ciudad se libra de sus 30 grados a la sombra, por eso por las noches aprovechamos para salir a la calle y así aprovechamos las suaves brisas y al mismo tiempo nos liberamos de estar todo el día metidos en casa con el aire acondicionado encendido.

Una gran escalinata que nos sirve como asiento es el lugar elegido por nuestro grupo para pasar la noche un poco más agradable. Los que vamos cada noche somos los de siempre, es decir, mis dos primos David y Jordi, mi amiga Sandra, mi hermana Nuria, Sergio y yo. Sigue leyendo